Musico,gestor,creador de sonidos,catalizador de sueños (propios y ajenos) productor, escritor de cronicas personales y de las otras.

Tuesday, October 25, 2005

Giorgio Varas: "Me hice músico de verdad en Chile"

Percusionista, gestor
Giorgio Varas: "Me hice músico de verdad en Chile"



Giorgio Varas en una calle de Trastevere en Roma
Una mezcla entre la escuela europea y la sensibilidad latina predica ser el percusionista Giorgio Varas. Nació en Chile pero fue criado en Bologna una ciudad al norte de Italia. Creció desterrado debido al exilio de su padre (Jubal Varas) y se templó bajo el rigor de los maestros de la ópera y el el canto en contacto con la nutrida escena de espectáculos del mundo, pero fue en Chile donde encontró su identidad musical.

Giorgio Varas regresó a su país natal en 1993, y poco a ha poco se hace conocido como músico y responsable en la gestión de producciones de calibre internacional, como la gira de Araukania Kuintet por Italia en septiembre pasado, realizada por Varas con Jorge Campos (Congreso), Pablo Paredes (Alex Acuña), Charly Mariano, Domenico Campanale (Dave Libman, Stanley Jordan), Jaime Vásquez (Fulano) y como invitados el trompetista Franco Ambrosetti y la cantante de jazz Carolina Gentile. El periplo incluyó un concierto en el notable escenario de Roma, el Parco Auditorium.

Además, en Chile, Giorgio ha compartido la escena en con Billy Cobhan (junto a Ángel Parra y Christian Gálvez), quien lo invitó a grabar su próximo disco.
¿Cómo te las arreglas con la gestión de tus proyectos?
Con Cobham hablamos que existe una cantidad tremenda de músicos pero el músico que no se mueve no logra nada. Cuando él hizo su primer trabajo, "Spectrum", era underground, lo escuchábamos algunos y más adelante ganó el Grammy, eso fue el resultado de un largo trabajo en gestión. Si un músico quiere armar un proyecto no puede quedarse en su casa, tiene que buscar todas las alternativas. Yo, parto conceptualizando un proyecto, por ejemplo, en el 2002 para el 2004. Ahora trabajo con algo para la celebración del Bicentenario en Chile, el 2010.

A largo plazo

Giorgio le tiene fe al calendario Maya, dice que es "tierra rítmica roja y catalizador de sueños", pero no le gustan los gurús. Mantiene el buen humor en sintonía con la cultura italiana. Es de los que trabaja a largo plazo, de hecho hace unos años comenzó a sacar adelante la producción musical “Araukania arte y cultura” que incluía el registro fonográfico de la agrupación Araukania Kuintet, "Violeta Parra & Víctor Jara Jazz Music", grabado en la Habana, Cuba, en los estudios del cantautor Pablo Milanés.
Luego, en el 2003 participó en “Neruda, concierto poético”, realizado en coproducción entre la sociedad de gestión que dirige Andina Proyectos y el teatro de Navile de Bologna. Se trató de una obra con música original para una selección de textos de Neruda, declamados en dos idiomas. La musicalización fue una proposición, para un formato de quinteto más cuarteto de cuerdas, del saxofonista chileno Jaime “Chino” Vásquez. El espectáculo fue presentado con un elenco integrado por Pablo Teillier (sobrino del poeta Jorge Teillier) y al actor italiano Nino Campisi. La muestra estuvo acompañada por la exposición fotográfica en torno a la vida de Neruda y fue grabado en el 2003 y editado en 2004 con 10.000 copias en los kioscos de Italia.

¿Cómo asumes el trabajo con figuras como Violeta Parra, Víctor Jara y Pablo Neruda?
Lo asumo desde el punto de vista de la producción independiente. Es muy complejo tener bandas en Chile, es difícil mantenerse y vivir de eso. Lo que trato de hacer es crear proyectos que se puedan sustentar. Me siento en deuda con algunos iconos chilenos.

¿Por qué prefieres ciertos íconos de la cultura chilena?
No los prefiero, solo son coproducciones. Los elijo porque las banderas culturales chilenas son ellos. Lo de Violeta y Víctor era una deuda histórica con Cuba y Chile, por primera vez se juntaron músicos de ambos países a tocar música que les pertenece a su memoria emotiva. En lo de Neruda se suma que mi padre es un investigador y creó una exposición de más cien libros y fotografías de Neruda.

Identidad

Autodidacta declarado, Giorgio, comenzó en la música cuando niño vinculado por el teatro. A los 14 años participó en la realización de una ópera en Italia. Estudió batería con Lorenzo Lunati, percusión mediterránea, tambores checos, árabes y darbuka. Y se enfrentó la disciplina de maestros como Claudio Magni y Massimo Bonetti con quienes laboró para bandas sonoras para teatro hasta que a los 18 años de edad regresó a Chile.

“Como muchos chilenos fui hijo de exiliados y estuve ausente de Chile hasta el año 1993, en esa fecha llegué a vivir a Temuco, donde aprendí mucho y estuve en una profunda reflexión y reconocimiento de identidad. Hasta antes de eso mi referencia de la música chilena era Inti Illimani, pero a la vez desde chico escuchaba Mahavishnu Orchestra y crecí con el jazz clásico de Miles Davis y la world music. En Chile estuve en el taller del percusionista Joe Vasconcellos en la ciudad de Angol y al mismo tiempo me interesé por la investigación folclórica. He tocado con folcloristas maravillosos como Quelentaro, Catalina Rojas, Roberto Parra, Ángel Parra, Héctor Pavez y con René Inostroza, un sabio de la guitarra chilena”, cuenta.

Luego, Varas se introdujo en el campo de la fusión, alternativa jazz con músicos como Edelmiro Molinari (Almendra de Argentina), Moncho Pérez, Pablo Lecaros, Jorge Campos, Jaime ”Chino” Vásquez, (Fulano), Oscarito Valdés (Irakere de Cuba), Jesús Isasek (Senegal), Carlo Maver, Alessandro Altarocca, Davide Garattoni (Italia) y agrupaciones de fusión como Santiago del Nuevo Extremo y Huara entre otras.

Tiene la afición a descubrir relaciones entre instrumentos y continentes, y espera concretar un disco denominado "DE-DOS: incontro di DUE mondi", trabajó musical con más de 5.000 piezas de percusión de distintos países. Se trata de una exposición que con los años ha aumentado en la que el coleccionista Luciano Bosi, quien establece relaciones antropológicas y morfológicas entre los instrumentos y las diversas culturas a la cual Varas fue invitado investigador y músico.

¿Qué sentido le das a hacer música?
Me siento un creador de sonidos. No me interesa la demostración de células rítmicas. Hay que conocer de qué se trata la cumbia colombiana, la cueca chilota. Hay que saber exactamente cuáles son los patrones; eso me interesa como investigación. La percusión me interesa por el mundo del sonido, del color, y el uso de elementos para poder navegar por el mapa que es la partitura. No me gustan las mil notas por segundo, eso puede ser interesante en una sección. Me interesa el sonido como material.

¿Qué piensas de la world music?
La world music está muy manoseada. Hay una delgadísima línea estilística entre muchas etiquetas que se le ponen a la música como etnic music o el jazz ligado al new age, clasificado así para que entre en un catálogo de un sello. Es fundamental usar iconografía con respeto y conocimiento; una cosa es trabajar un kultrun con un piano eléctrico, y otra cosa es saber por qué lo estás usando.

¿Cómo percibes a la música chilena?
Está impregnada de una profunda melancolía desgarrada y a la vez tiene la dimensión poética que se nutre de la savia campesina con un paréntesis en la música nortina, ahí existe un recurso rítmicos maravilloso. En Chile tenemos una gran cantidad de tiempo para estudiar. Si nosotros tuviéramos la misma preparación teórica que los italianos o los europeos, seríamos muchísimo mejores. En el ámbito de la sensibilidad y del talento, somos mucho más talentosos. Los chilenos tenemos una cosa melancólica muy fuerte. Es importante consolidar una preparación teórica sólida aunque sea de forma autodidacta.

¿En materia de percusión qué rescatas de Chile?
Tenemos la mala suerte de que la percusión africana no nos llegó como a Perú, Colombia o Venezuela. Tenemos el sentido del 6/8 por ser latinoamericanos y todo lo que sucedió antes en la época precolombina. En el 2002, con Gastón Soublette y Tomás Lefever (Q.E.P.) hicimos una investigación de lo que pasó en esta parte del mundo antes de la llegada de los españoles. Eso se concretó en el trabajo llamado “Continente” (música de generación espontánea y grabación análoga)

¿Cuáles son las dificultades con que te encuentran en Chile, en términos de gestión?
El interés por el producto, si haces un producto como el Araukania, y haces todo un esfuerzo, grabas en Cuba, luego (te consta), trabajas en los escenarios más importantes como el Auditórium de Roma o el jazz festival en Chiasso, Suiza, junto a un maestro como Franco Ambrosetti a tablero vuelto, este fenómeno no vende en El Mercurio o La Tercera, no les interesa, no lo entienden, no lo compran ni lo venden.

Esa falta de interés ¿a qué la adjudicas?
Chile es un país en vías de desarrollo y la institucionalidad cultural no tiene suficientes recursos. Tenemos fondos concursables porque somos un país pobre, de lo contrario tendríamos festivales, teatros y descentralización cultural. Hace cinco años que postulo al Fondo de Desarrollo Nacional de las Artes (Fondart), nunca lo he ganado. Le tengo poca fe. Cuando toco las puertas en los teatros en Italia me compran los conciertos, en Chile gestionar algo de este tipo es un desgaste de energías y pocos quieren pagar los costos vivos que requiere una producción de carácter internacional.

¿Ese desinterés está mediado por la calidad musical?
Creo que no.

¿Cómo logras gestionar tus proyectos en Europa, Italia en particular?
En Chile nos asociamos con la mayor agencia europea de jazz, la World Jazz Agency. Ellos toman el material y lo gestionan. El Auditorium en Roma fue conseguido por la embajada de Chile, por Patricia Rivadeneira (agregada cultural de Chile en Italia), con quien trabajamos hace algunos años, la experiencia ha sido tremendamente exitosa.

¿Le falta algo al músico chileno para entrar a la escena internacional?
Es muy difícil en Chile tener un grupo a un nivel internacional. En Italia hay recursos, las mejores salas de ensayos, los mejores equipamientos, circuitos y público, pero muchas veces falta algo de talento. En Chile no tenemos nada, tienes que ensayar y empezar a rendir, lo correcto sería arrendar una sala para desarrollar un proyecto pero ¿cómo arriendas una sala si no tienes un trabajo musical consolidado que te lo permita? En la generación de jóvenes chilenos hay una cosa importante con las ganas, el ímpetu, el talento y el esfuerzo, sobre todo en el jazz. Hay un movimiento muy interesante de jóvenes que están tocando muy bien, haciendo sus propios discos y sorprendiendo constantemente.

En Roma tocaron con Araukania Kuintet el 11 de septiembre, ¿por qué ese día?
Teníamos una gira en Italia entre el 10 y el 30 de septiembre. Me subí al escenario el 11 y por supuesto que te pasan cosas, fue un gesto potente. Me acordé que era 11 cuando estaba en el escenario y conecté con la memoria, con no olvidarse, con dejar conciencia que la memoria es muy importante y Chile tiene una memoria frágil.

Si en Italia tienes la prensa que no tienes en Chile ¿por qué te quedas en Chile?
En la vida los gestos son importantes.

¿Cómo viviste el proceso del exilio de tu familia?
Con tranquilidad. Es más dramático para mis padres que par mí.

¿Cuál es tu triunfo frente al desarraigo que viviste?
No sé si es triunfo, pero cuando me fui a Chile buscaba algo que no sabía qué era y después descubrí que era la identidad, creo haberla encontrado en el folclore. Llegué a Chile sin saber hablar español, sin saber qué era una cueca, una sirilla y me metí a trabajar con los mayores exponentes del folclore. Tuve una escuela de tres o cuatro años en boliches, hice cuanta peña pude. Venía del jazz. Estaba en el descubrimiento del sonido, quería estar ahí porque quería entender, por ejemplo, las afinaciones traspuestas de René Inostroza. Me hice músico de verdad en Chile, antes era especie de prototipo híbrido que cree que sabe. Seguramente me llegaba más información que a mis coetáneos, había visto muchos conciertos, escuchado kilos de música, tenía una experiencia europea importante, estaba en esa actitud cuando descubrí que en la simpleza está lo complicado. Aprendí mucho.

¿Perteneces más a Chile o a Italia?
Hoy, mi imaginario está en Chile, pero las perspectivas de vida, cómo se trabaja, cómo se valora el arte y el código de la libertad expresiva son italianos. Me encanta Chile, andar en micro, ir a comer a la Vega, me gusta el sur, lo cotidiano me sorprende. Lo que hizo el golpe militar es que dividió completamente a mi familia; Tengo cuatro hermanos, tres en Italia y uno en Madrid. Mis padres están en Chile.

¿Qué quieres proponer a la música?
Aprendo más que aporto. Ahora me interesa trabajar en la electrónica contemporánea. Trabajé en la música de la película "Horcón, al sur de ninguna parte", dirigida de Rodrigo Gonzálvez, relacionada con el 11 de septiembre, hicimos un trabajo en un estudio análogo. También toqué con Tomás Lefever, trabajamos con electrónica en tiempo real, manipulando las ondas sonoras y consensuando sonidos espectrales, fantasmas, que viven en esa caverna que es el piano de cola. Me interesa la música latinoamericana y la música vernácula. En el ámbito electroacústico y contemporáneo mis referencias son compositores como John Cage, Stockhausen, Luciano Berio y Franco Donatoni. Me interesa la investigación sonora. Quiero hacer música con tecnología de punta, investigar materiales sonoros y componer en tiempo real.

¿En qué proyecto estás?
Quiero conceptuar y producir un formato de ópera sobre Lautaro, que se llama "Leftraru, viajero ensoñado”. Lautaro es un personaje muy potente. Viví en Temuco en un campo rodeado de comunidades indígenas y me interesa mucho ese tema. Es una partitura desarrollada por el compositor chileno Cristian López, un trabajo de investigación que inició en Chile y siguió en Barcelona, en el centro PHONOS. Invitamos a Miroslav Vitous y Danny Gottielb y estamos trabajando. En eso ando.

(Entrevista por: Milena Bahamonde)
Santiago-Roma
Discografía seleccionada en que ha participado Giorgio Varas:

- "Drums Cahos Percussion"
- "Topetéo" - René Inostroza
- "Catalina Rojas & Roberto Parra"
- "Santiago del Nuevo Extremo en Vivo-Vol 1 y 2"
- "Araukania Kuintet, Violeta Parra & Víctor Jara Jazz Music”
- “El Fulgor” - Huara
- "Continente” - Lefever-Soublette-Varas
-“Neruda, concierto poético”
-"Americana Criatura"- Katty Fernández.
- "Horcón, al sur de ninguna parte" – música del filme
- “BARI” - Araukania Kuintet

Giorgio Varas: "Me hice músico de verdad en Chile"

Percusionista, gestor
Giorgio Varas: "Me hice músico de verdad en Chile"



Giorgio Varas en una calle de Trastevere en Roma
Una mezcla entre la escuela europea y la sensibilidad latina predica ser el percusionista Giorgio Varas. Nació en Chile pero fue criado en Bologna una ciudad al norte de Italia. Creció desterrado debido al exilio de su padre (Jubal Varas) y se templó bajo el rigor de los maestros de la ópera y el el canto en contacto con la nutrida escena de espectáculos del mundo, pero fue en Chile donde encontró su identidad musical.

Giorgio Varas regresó a su país natal en 1993, y poco a ha poco se hace conocido como músico y responsable en la gestión de producciones de calibre internacional, como la gira de Araukania Kuintet por Italia en septiembre pasado, realizada por Varas con Jorge Campos (Congreso), Pablo Paredes (Alex Acuña), Charly Mariano, Domenico Campanale (Dave Libman, Stanley Jordan), Jaime Vásquez (Fulano) y como invitados el trompetista Franco Ambrosetti y la cantante de jazz Carolina Gentile. El periplo incluyó un concierto en el notable escenario de Roma, el Parco Auditorium.

Además, en Chile, Giorgio ha compartido la escena en con Billy Cobhan (junto a Ángel Parra y Christian Gálvez), quien lo invitó a grabar su próximo disco.
¿Cómo te las arreglas con la gestión de tus proyectos?
Con Cobham hablamos que existe una cantidad tremenda de músicos pero el músico que no se mueve no logra nada. Cuando él hizo su primer trabajo, "Spectrum", era underground, lo escuchábamos algunos y más adelante ganó el Grammy, eso fue el resultado de un largo trabajo en gestión. Si un músico quiere armar un proyecto no puede quedarse en su casa, tiene que buscar todas las alternativas. Yo, parto conceptualizando un proyecto, por ejemplo, en el 2002 para el 2004. Ahora trabajo con algo para la celebración del Bicentenario en Chile, el 2010.

A largo plazo

Giorgio le tiene fe al calendario Maya, dice que es "tierra rítmica roja y catalizador de sueños", pero no le gustan los gurús. Mantiene el buen humor en sintonía con la cultura italiana. Es de los que trabaja a largo plazo, de hecho hace unos años comenzó a sacar adelante la producción musical “Araukania arte y cultura” que incluía el registro fonográfico de la agrupación Araukania Kuintet, "Violeta Parra & Víctor Jara Jazz Music", grabado en la Habana, Cuba, en los estudios del cantautor Pablo Milanés.
Luego, en el 2003 participó en “Neruda, concierto poético”, realizado en coproducción entre la sociedad de gestión que dirige Andina Proyectos y el teatro de Navile de Bologna. Se trató de una obra con música original para una selección de textos de Neruda, declamados en dos idiomas. La musicalización fue una proposición, para un formato de quinteto más cuarteto de cuerdas, del saxofonista chileno Jaime “Chino” Vásquez. El espectáculo fue presentado con un elenco integrado por Pablo Teillier (sobrino del poeta Jorge Teillier) y al actor italiano Nino Campisi. La muestra estuvo acompañada por la exposición fotográfica en torno a la vida de Neruda y fue grabado en el 2003 y editado en 2004 con 10.000 copias en los kioscos de Italia.

¿Cómo asumes el trabajo con figuras como Violeta Parra, Víctor Jara y Pablo Neruda?
Lo asumo desde el punto de vista de la producción independiente. Es muy complejo tener bandas en Chile, es difícil mantenerse y vivir de eso. Lo que trato de hacer es crear proyectos que se puedan sustentar. Me siento en deuda con algunos iconos chilenos.

¿Por qué prefieres ciertos íconos de la cultura chilena?
No los prefiero, solo son coproducciones. Los elijo porque las banderas culturales chilenas son ellos. Lo de Violeta y Víctor era una deuda histórica con Cuba y Chile, por primera vez se juntaron músicos de ambos países a tocar música que les pertenece a su memoria emotiva. En lo de Neruda se suma que mi padre es un investigador y creó una exposición de más cien libros y fotografías de Neruda.

Identidad

Autodidacta declarado, Giorgio, comenzó en la música cuando niño vinculado por el teatro. A los 14 años participó en la realización de una ópera en Italia. Estudió batería con Lorenzo Lunati, percusión mediterránea, tambores checos, árabes y darbuka. Y se enfrentó la disciplina de maestros como Claudio Magni y Massimo Bonetti con quienes laboró para bandas sonoras para teatro hasta que a los 18 años de edad regresó a Chile.

“Como muchos chilenos fui hijo de exiliados y estuve ausente de Chile hasta el año 1993, en esa fecha llegué a vivir a Temuco, donde aprendí mucho y estuve en una profunda reflexión y reconocimiento de identidad. Hasta antes de eso mi referencia de la música chilena era Inti Illimani, pero a la vez desde chico escuchaba Mahavishnu Orchestra y crecí con el jazz clásico de Miles Davis y la world music. En Chile estuve en el taller del percusionista Joe Vasconcellos en la ciudad de Angol y al mismo tiempo me interesé por la investigación folclórica. He tocado con folcloristas maravillosos como Quelentaro, Catalina Rojas, Roberto Parra, Ángel Parra, Héctor Pavez y con René Inostroza, un sabio de la guitarra chilena”, cuenta.

Luego, Varas se introdujo en el campo de la fusión, alternativa jazz con músicos como Edelmiro Molinari (Almendra de Argentina), Moncho Pérez, Pablo Lecaros, Jorge Campos, Jaime ”Chino” Vásquez, (Fulano), Oscarito Valdés (Irakere de Cuba), Jesús Isasek (Senegal), Carlo Maver, Alessandro Altarocca, Davide Garattoni (Italia) y agrupaciones de fusión como Santiago del Nuevo Extremo y Huara entre otras.

Tiene la afición a descubrir relaciones entre instrumentos y continentes, y espera concretar un disco denominado "DE-DOS: incontro di DUE mondi", trabajó musical con más de 5.000 piezas de percusión de distintos países. Se trata de una exposición que con los años ha aumentado en la que el coleccionista Luciano Bosi, quien establece relaciones antropológicas y morfológicas entre los instrumentos y las diversas culturas a la cual Varas fue invitado investigador y músico.

¿Qué sentido le das a hacer música?
Me siento un creador de sonidos. No me interesa la demostración de células rítmicas. Hay que conocer de qué se trata la cumbia colombiana, la cueca chilota. Hay que saber exactamente cuáles son los patrones; eso me interesa como investigación. La percusión me interesa por el mundo del sonido, del color, y el uso de elementos para poder navegar por el mapa que es la partitura. No me gustan las mil notas por segundo, eso puede ser interesante en una sección. Me interesa el sonido como material.

¿Qué piensas de la world music?
La world music está muy manoseada. Hay una delgadísima línea estilística entre muchas etiquetas que se le ponen a la música como etnic music o el jazz ligado al new age, clasificado así para que entre en un catálogo de un sello. Es fundamental usar iconografía con respeto y conocimiento; una cosa es trabajar un kultrun con un piano eléctrico, y otra cosa es saber por qué lo estás usando.

¿Cómo percibes a la música chilena?
Está impregnada de una profunda melancolía desgarrada y a la vez tiene la dimensión poética que se nutre de la savia campesina con un paréntesis en la música nortina, ahí existe un recurso rítmicos maravilloso. En Chile tenemos una gran cantidad de tiempo para estudiar. Si nosotros tuviéramos la misma preparación teórica que los italianos o los europeos, seríamos muchísimo mejores. En el ámbito de la sensibilidad y del talento, somos mucho más talentosos. Los chilenos tenemos una cosa melancólica muy fuerte. Es importante consolidar una preparación teórica sólida aunque sea de forma autodidacta.

¿En materia de percusión qué rescatas de Chile?
Tenemos la mala suerte de que la percusión africana no nos llegó como a Perú, Colombia o Venezuela. Tenemos el sentido del 6/8 por ser latinoamericanos y todo lo que sucedió antes en la época precolombina. En el 2002, con Gastón Soublette y Tomás Lefever (Q.E.P.) hicimos una investigación de lo que pasó en esta parte del mundo antes de la llegada de los españoles. Eso se concretó en el trabajo llamado “Continente” (música de generación espontánea y grabación análoga)

¿Cuáles son las dificultades con que te encuentran en Chile, en términos de gestión?
El interés por el producto, si haces un producto como el Araukania, y haces todo un esfuerzo, grabas en Cuba, luego (te consta), trabajas en los escenarios más importantes como el Auditórium de Roma o el jazz festival en Chiasso, Suiza, junto a un maestro como Franco Ambrosetti a tablero vuelto, este fenómeno no vende en El Mercurio o La Tercera, no les interesa, no lo entienden, no lo compran ni lo venden.

Esa falta de interés ¿a qué la adjudicas?
Chile es un país en vías de desarrollo y la institucionalidad cultural no tiene suficientes recursos. Tenemos fondos concursables porque somos un país pobre, de lo contrario tendríamos festivales, teatros y descentralización cultural. Hace cinco años que postulo al Fondo de Desarrollo Nacional de las Artes (Fondart), nunca lo he ganado. Le tengo poca fe. Cuando toco las puertas en los teatros en Italia me compran los conciertos, en Chile gestionar algo de este tipo es un desgaste de energías y pocos quieren pagar los costos vivos que requiere una producción de carácter internacional.

¿Ese desinterés está mediado por la calidad musical?
Creo que no.

¿Cómo logras gestionar tus proyectos en Europa, Italia en particular?
En Chile nos asociamos con la mayor agencia europea de jazz, la World Jazz Agency. Ellos toman el material y lo gestionan. El Auditorium en Roma fue conseguido por la embajada de Chile, por Patricia Rivadeneira (agregada cultural de Chile en Italia), con quien trabajamos hace algunos años, la experiencia ha sido tremendamente exitosa.

¿Le falta algo al músico chileno para entrar a la escena internacional?
Es muy difícil en Chile tener un grupo a un nivel internacional. En Italia hay recursos, las mejores salas de ensayos, los mejores equipamientos, circuitos y público, pero muchas veces falta algo de talento. En Chile no tenemos nada, tienes que ensayar y empezar a rendir, lo correcto sería arrendar una sala para desarrollar un proyecto pero ¿cómo arriendas una sala si no tienes un trabajo musical consolidado que te lo permita? En la generación de jóvenes chilenos hay una cosa importante con las ganas, el ímpetu, el talento y el esfuerzo, sobre todo en el jazz. Hay un movimiento muy interesante de jóvenes que están tocando muy bien, haciendo sus propios discos y sorprendiendo constantemente.

En Roma tocaron con Araukania Kuintet el 11 de septiembre, ¿por qué ese día?
Teníamos una gira en Italia entre el 10 y el 30 de septiembre. Me subí al escenario el 11 y por supuesto que te pasan cosas, fue un gesto potente. Me acordé que era 11 cuando estaba en el escenario y conecté con la memoria, con no olvidarse, con dejar conciencia que la memoria es muy importante y Chile tiene una memoria frágil.

Si en Italia tienes la prensa que no tienes en Chile ¿por qué te quedas en Chile?
En la vida los gestos son importantes.

¿Cómo viviste el proceso del exilio de tu familia?
Con tranquilidad. Es más dramático para mis padres que par mí.

¿Cuál es tu triunfo frente al desarraigo que viviste?
No sé si es triunfo, pero cuando me fui a Chile buscaba algo que no sabía qué era y después descubrí que era la identidad, creo haberla encontrado en el folclore. Llegué a Chile sin saber hablar español, sin saber qué era una cueca, una sirilla y me metí a trabajar con los mayores exponentes del folclore. Tuve una escuela de tres o cuatro años en boliches, hice cuanta peña pude. Venía del jazz. Estaba en el descubrimiento del sonido, quería estar ahí porque quería entender, por ejemplo, las afinaciones traspuestas de René Inostroza. Me hice músico de verdad en Chile, antes era especie de prototipo híbrido que cree que sabe. Seguramente me llegaba más información que a mis coetáneos, había visto muchos conciertos, escuchado kilos de música, tenía una experiencia europea importante, estaba en esa actitud cuando descubrí que en la simpleza está lo complicado. Aprendí mucho.

¿Perteneces más a Chile o a Italia?
Hoy, mi imaginario está en Chile, pero las perspectivas de vida, cómo se trabaja, cómo se valora el arte y el código de la libertad expresiva son italianos. Me encanta Chile, andar en micro, ir a comer a la Vega, me gusta el sur, lo cotidiano me sorprende. Lo que hizo el golpe militar es que dividió completamente a mi familia; Tengo cuatro hermanos, tres en Italia y uno en Madrid. Mis padres están en Chile.

¿Qué quieres proponer a la música?
Aprendo más que aporto. Ahora me interesa trabajar en la electrónica contemporánea. Trabajé en la música de la película "Horcón, al sur de ninguna parte", dirigida de Rodrigo Gonzálvez, relacionada con el 11 de septiembre, hicimos un trabajo en un estudio análogo. También toqué con Tomás Lefever, trabajamos con electrónica en tiempo real, manipulando las ondas sonoras y consensuando sonidos espectrales, fantasmas, que viven en esa caverna que es el piano de cola. Me interesa la música latinoamericana y la música vernácula. En el ámbito electroacústico y contemporáneo mis referencias son compositores como John Cage, Stockhausen, Luciano Berio y Franco Donatoni. Me interesa la investigación sonora. Quiero hacer música con tecnología de punta, investigar materiales sonoros y componer en tiempo real.

¿En qué proyecto estás?
Quiero conceptuar y producir un formato de ópera sobre Lautaro, que se llama "Leftraru, viajero ensoñado”. Lautaro es un personaje muy potente. Viví en Temuco en un campo rodeado de comunidades indígenas y me interesa mucho ese tema. Es una partitura desarrollada por el compositor chileno Cristian López, un trabajo de investigación que inició en Chile y siguió en Barcelona, en el centro PHONOS. Invitamos a Miroslav Vitous y Danny Gottielb y estamos trabajando. En eso ando.

(Entrevista por: Milena Bahamonde)
Santiago-Roma
Discografía seleccionada en que ha participado Giorgio Varas:

- "Drums Cahos Percussion"
- "Topetéo" - René Inostroza
- "Catalina Rojas & Roberto Parra"
- "Santiago del Nuevo Extremo en Vivo-Vol 1 y 2"
- "Araukania Kuintet, Violeta Parra & Víctor Jara Jazz Music”
- “El Fulgor” - Huara
- "Continente” - Lefever-Soublette-Varas
-“Neruda, concierto poético”
-"Americana Criatura"- Katty Fernández.
- "Horcón, al sur de ninguna parte" – música del filme
- “BARI” - Araukania Kuintet

Monday, October 17, 2005

Hola

CONFIE SO NIDO SUR
Por Giorgio Varas, Musico y productor musical

Confieso que la originaria alteración a mis sentidos provocada por la opera prima de Goncalves, ese “enfrentamiento visual” al cual me sumergí por vez primera al conocer la película Horcón, me catapultó al terreno del desconcierto, el vacío, la confusión y la locura.

Mi imaginario personal hizo, en esa oportunidad, un vertiginoso y simultaneo repaso por la humedad, la soledad, el desconcierto y el desgarro. Conocer, me dije, no es sinónimo de entender.
Pero de pronto no me cupo duda; estaba deambulando por ese territorio imaginario que habita en mi memoria araucana, haciendo una sinopsis de una personal “residencia en la tierra”, traspasando la frontera de un notable film meridional.

Había regresado, o quizás alcanzado, al SUR de la dimensión etérea,… al sur de ninguna parte.

Siempre es igual el sur, igual en todo el mundo, pensé.

La banda sonora de la película HORCON la construimos entre varios, juntos pero no revueltos. Coincidimos y distinguimos el tratamiento orgánico del Color y el Blanco & Negro plasmados por el director, respetando los tiempos-espacios que conviven en la película y el relato musical.

Para ello, contamos con la extraordinaria maestría de Jorge Arraigada (prolifero compositor y habitual colaborador de Raúl Ruiz), quien se encargó de crear la música original “a color”, un trabajo de orquestación y arreglos de notables aciertos.

La música original Blanco & Negro es deliberadamente minimalista, icnográfica, compuesta por células rítmica chilenas y por lo mismo universales, por encubiertas décimas de la tradición oral, con aires y letanías del litoral central y esbozadas melodías transpuesta hacia, por ejemplo, una extinguida “cueca de velorio”.

Junto al maestro compositor chileno Cristian López, con quien nos une una extensa experiencia de vida y labores, nos sumergimos en un disonante piano de cola, destapado, destemplado, percutiendo y trasformando sus nobles vigas estructurales en el desolado barco del Capitán Caneo, la desgarrada travesía marítima de Ana, o la perversidad de un Chile Enano, cobarde y ambicioso.

El diseño de esta apuesta sonora “made in Chile” aspiraba a equilibrar en la música, los recursos técnicos con el cual fue grabada la película: Bajo presupuesto y cámara de 16 mm.

¿Acaso los Maestros y creativos Nino Rota y Ennio Morricone, Fellini y Antonioni o sin ir más lejos Tomás Lefever y Raúl Ruiz con Tres Tristes Tigres o Caiozzi y Luis Advis con “Julio comienza en Julio”, contaron con la actual tecnología y presupuesto para el rodaje y el posterior ingreso a la historia de la cinematografía mundial?

Ciertamente que no.

Sin aspirar a tanto pero con admiración y reminiscencias, grabamos nuestro piano y percusiones en un veterano y surrealista estudio de tecnología analógica, (aquella de maquinarias pesada, grandes cintas magnéticas y cortes-edición “tijereteados”), aspirando a un contradictorio resultado digital.

La casualidad quiere que López también, sea hombre del sur… Causalidades, como diría nuestro común amigo Elikura Chihailaf.

Para terminar, el aporte de los multifacéticos “The Gutiérrez Experience”, sorprende con una sabrosa versión del mítico tema "As time goes by”, en un comentario musical que, si bien podría parecer conclusivo, finalmente recicla y contiene la “experiencia sonora” que constituye el “escuchar con los ojos una música para ver”

Siempre es igual el sur, igual en todo el mundo, pienso.